Martin Auer: La guerra extraña, Historias para educar en la paz

   
 

Informe para el Consejo de los Sistemas Solares Unidos

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Traducido por Gema González Navas

Esta traducción no ha sido revisada aún

El Soñador
El Niño Azul
El Planeta de las Zanahorias
Miedo
Otra Vez Miedo
La Extraña Gente del Planeta Hortus
Cuando los soldados llegaron
Dos Luchadores
Cuerpo a cuerpo
La Gran Guerra de Marte
El Esclavo
Los Granjeros a los que se les Daban Bien los Números
La Extraña Guerra
Arobanai
Serpiente Estelar
Atasco
Los Dos Prisioneros
Justicia
Dinero
Historia de un Rey Bueno
Informe para el Consejo de los Sistemas Solares Unidos
Hablando Claro
La Bomba
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Según nuestras observaciones durante las aproximadamente 10.000 revoluciones del planeta Yer,  nos vemos obligados a aconsejar urgentemente que ni este planeta ni sus habitantes puedan formar parte de los Sistemas Solares Unidos. Hay una especie de habitantes en Yer, que se consideran a sí mismos inteligentes, que durante el último millón de revoluciones se ha multiplicado tremendamente y expandido sobre todo el planeta: los llamados Nin, Orang o Humanos. Esta especie, que originariamente provienen de tres habitantes y se cree realmente inteligente, esta especie de seis billones de Nin son incapaces de coordinar sus acciones con sentido común. A menudo algunos de ellos destruyen lo que otros han creado. También se quitan comida y ropa unos a otros. Producen cosas que se supone les van a hacer la vida más fácil, pero durante el proceso de producción destruyen y envenenan la atmósfera del planeta, el agua y el suelo, haciéndose así la vida infinitamente más difícil.

Una de las peores causas de su sufrimiento es una costumbre (¿o debería llamarlo enfermedad?) que ellos llaman wojna, krieg, o guerra.  Cuando se inicia una wojna, grandes grupos de Nin se enfrentan y se destruyen mutuamente. Destruyen a los habitantes, las reservas de comida de sus enemigos y se infligen las más terribles torturas los unos a los otros. Nuestro equipo investigador intentó averiguar por qué hacían eso. Sobre este tema los Nin están en completo desacuerdo. Hay entre ellos, y esto es inusual, muchos que rechazan esta cruel costumbre y la consideran la mayor desgracia que ha caído sobre la Ninmanidad. Al contrario, otros adoran la wojna e incluso cuentan historias y ven películas relacionadas con el tema.

Los Nin que rechazan la wojna tienen diversas opiniones sobre el origen de esta costumbre. Algunos la consideran como un brote de locura que afecta a una gran parte de los Nin. Otros creen que los Nin albergan dos tipos diferentes de alma dentro de sí, una buena que ama a los otros Nin, y una mala que  odia a los otros Nin. También hay algunos que creen que la wojna no es para nada agradable pero, que por desgracia es necesario de vez en cuando.  A veces sucede que cuando dos grupos de Nin entran en una wojna ambos declaran: "Bueno, nosotros no queremos esta wojna, pero por desgracia los otros nos han obligado a ello."

Nuestro equipo investigador tiende a pensar que el problema básico de los Nin es que no son capaces de armonizar las acciones de grandes grupos interactuando. Parece que todavía no han  comprendido que ellos no son individuos separados sino conectados entre sí y con todos los habitantes del planeta. Para ejemplificar lo que los Nin entienden, se podría tomar el ejemplo de dos habitantes de Yer llamados oxen por algunos Nin. Si se colocan dos de estos oxen a la cabeza de un cierto medio de transporte, llamado vagón por algunos Nin, y uno de los oxen tira hacia el norte y el otro tira hacia el oeste, ambos acabarán en el noroeste, aunque ninguno de los dos quiera realmente ir allí. Los Nin todavía no han comprendido que están unidos a los otros seis billones de Nin como los dos oxen lo están a la cabeza del vagón. Pero sucede también que sus acciones son mucho más complicadas que tirar del vagón, y como es de esperar, los resultados de las acciones de 6 billones de Nin son aún más difíciles de calcular que la dirección del camino de los oxen. Parece que por el momento la inteligencia de los Nin no ha estado a la altura de la tarea.

Lo que sigue ahora es un informe hecho por nuestro equipo investigación sobre el origen de la wojna que en el planeta Yer.

Hace muchos, muchos miles de revoluciones del planeta, cuando los Nin todavía vivían de la caza y la recolección en los bosques, los Nin  no habían llegado todavía a conocer lo que era una wojna. Por aquellos entonces los Nin vivían en pequeños grupos y merodeaban por los bosques. Cada grupo estaba formado de unos sesenta u ochenta Nin, quizá unas diez o quince familias, como ellos  las llamaban.

Cada grupo tenía un terreno particular que utilizaban durante un año, en el que buscaban bayas y frutas, champiñones y raíces, caracoles y ranas, y naturalmente venado para poder cazar. En un área, digamos un valle en la montaña, vivían muy pocos grupos, quizás tres o cuatro como máximo porque los bosques no podían alimentar a un gran número de gente. Los Nin no sabían nada sobre reyes o jefes, sobre tribunales, policía, cárceles, y tampoco tenían ley alguna. ¿Para qué lo necesitaban? Cuando alguien hacía algo que los demás no aprobaban, se sentaban juntos alrededor del fuego por la noche y hablaban sobre ello. Cuando querían cazar gacelas, seguían al mejor cazador. Cuando llegaba la temporada de recoger la miel de las bayas salvajes, seguían a la mujer que conocía mejor a las abejas. Y cuando había  una pelea, se seguía el consejo del hombre y la mujer más ancianos porque tenían más experiencia. Los Nin vivían unidos y compartían todo lo que tenían, ya que de otra forma no hubieran sobrevivido.

Cuando un grupo se hacía muy grande tenía que dividirse, y una de las mitades tenía que encontrar un nuevo terreno en algún otro lugar. En esos casos, era posible que un grupo entrara en el territorio de otro. Y en esos casos podían incluso llegar a luchar, pero las disputas se acababan pronto. Quizás era solamente una especie de gran reyerta y tan pronto como el grupo se iba, la lucha terminaba.

Estas luchas eran la excepción y sólo sucedían cuando un grupo tenía que abandonar su territorio. Esa no sucedía muy a menudo porque las mujeres tenían que cuidar de sus bebés durante cuatro años o incluso más y eso les impedía tener más niños durante ese tiempo. De esta manera las mujeres, sin saberlo, impedían que el grupo se hiciera demasiado grande y tuviera que dividirse. Aparte de este motivo, no había ninguna otra razón para luchar. Los grupos de Nin no tenían ninguna intención de agrandar sus territorios porque no había manera de que pudieran sacar más beneficio de ellos. Tampoco  tenían ningún motivo para atacar al grupo vecino y saquearles porque no había nada que saquear. Los Nin de aquellos días solamente guardaban unas pocas provisiones. Vivían al día y recolectaban y cazaban solamente lo que necesitaban para comer en un período corto de tiempo. Y así vivieron durante cientos de miles de revoluciones del planeta.

Hace más o menos 6000 revoluciones de planeta el clima cambió en varias zonas en las que los Nin vivían. Las diferencias entre las estaciones secas y lluviosas se hicieron cada vez más grandes. Algunas plantas no volvieron a crecer y como consecuencia, los animales que vivían en esas plantas desaparecieron también. Pero ciertas plantas, cuyas semillas eran como almendras duras, pudieron mantenerse especialmente bien bajo este clima. Y los Nin se dedicaron a cuidar y a poner toda su atención en estas plantas para poder cosechar mucha más comida en una zona pequeña en lugar de ir de un lado a otro y recoger lo que podían encontrar. Y así los Nin no quisieron nomadear nunca más y establecieron los primeros pueblos y se convertieron en granjeros. Todavía seguían manteniendo muchas de sus costumbres de caza, y así, en vez de ir a cazar juntos ahora trabajaban juntos en el campo. La tierra no pertenecía a nadie, o pertenecía a todos. Cuando había temas que discutir que concernían a la comunidad los habitantes del poblado se reunían y discutían el problema. No eligieron líderes, pero cuando había que hacer alguna actividad que necesitaba ser organizada como, por ejemplo, limpiar una nueva sección del bosque, o construir un nuevo centro comunitario, o ir de caza,  elegían a un hombre o a una mujer que sabía sobre el tema para que se encargara de organizarlo. Y solía suceder que los hombres seguían yendo a cazar el cada vez más escaso venado y las mujeres hacían una gran parte del trabajo en el campo. Pero como la comida más importante venía de los campos, las mujeres, casi siempre eran más importantes y tenían más que decir que los hombres.

La vida en la granja tenía sus ventajas y sus dificultades. La gente se hizo dependiente del grano. Cuando eran cazadores y recolectores no importaba si un tipo de planta no crecía bien un año porque había cientos de otras en los bosques. Ahora tenían que pasar hambre cada vez que había sequía. Su comida era también mucho más uniforme, sin tanta variedad, y eso hizo que tuvieran problemas con sus dientes y que sus hijos no crecieran tanto. Y el trabajo se hizo duro y monótono. La vida no era tan variada ni excitante como antes, pero no había manera de volver a la vida anterior porque los cazadores y recolectores necesitaban mucha más tierra que los granjeros.

Lo único nuevo es que ahora no vivían al día. Podían producir más de lo que consumían y podían almacenar comida. Así tenían siempre algo guardado para cuando venían malos tiempos, algo de reserva para cuando hubiera una sequía o una inundación. Y cuando sus reservas aumentaban incluso podían invertir en el futuro. De manera que cuando tenían almacenado suficiente grano, podían, por ejemplo, permitirse cultivar menos campos. Otras personas decidían cavar un dique para irrigar para que la cosecha del año siguiente fuera todavía más fructuosa y la sobreproducción aumentara y de nuevo poder hacer su vida más cómoda o invertir de nuevo el beneficio en algo diferente. Pronto se empezó a no necesitar a todo el mundo en los campos y como consecuencia algunos se hicieron herreros o empezaron a dedicarse a la cerámica. Y así sucesivamente se iban desarrollando nuevas habilidades que hacían el trabajo de todo el mundo más fácil para el futuro.

Se permitió también que algunos de ellos se dedicaran a las curaciones, a los rezos, o a escribir cantos. Es verdad que estas cosas no incrementaban los beneficios económicos, pero enriquecían la vida de todos y la hacían más agradable. Así, lenta y agradablemente, llegó el progreso. Se empezaban a hacer joyas, se pintaban dibujos y se esculpían estatuas. También se componían cantos, se contaban historias, se hacían ropas cada vez más bonitas y se bailaban bailes cada vez más complicados. Todos vivían en paz.

En otras regiones los cazadores seguían a las hordas de animales ungulados. Las gacelas, los ciervos, las ovejas y las cabras pastaban en las llanuras durante el invierno y en las mesetas durante el verano. Los cazadores los seguían cuando emigraban. En las llanuras encontraban dátiles; en las faldas de la montaña encontraban bellotas, almendras y pistachos; en las colinas encontraban manzanas y peras; y a diferentes alturas y en diferentes estaciones encontraban bayas salvajes maduras. Cuanto mejor se les daba la caza, más selectivos se volvían eligiendo los animales que serían su presa. Las hordas se reproducían mejor cuando, tras matar muchos machos, esparcían a las hembras. Los cazadores también mataron osos, lobos y zorros para que no dañasen a sus animales, a la vez que los llevaban a zonas en las que los podían proteger mejor. Las ovejas y las cabras eran menos tímidas que las gacelas y los ciervos y por ese motivo se acostumbraron más fácilmente a la presencia los humanos, y los humanos a la suya. Así fue como los cazadores se convirtieron en pastores. La vida de los pastores era bastante similar a la vida que los cazadores habían llevado anteriormente: todavía recorrían los pastos durante el año y, naturalmente, seguían cazando animales que no podían domesticar. Como la caza era todavía una actividad masculina, los hombres consideraban que la horda de animales era su propiedad y así, entre los pastores, la vida de un hombre Nin contada más que la vida de una mujer Nin.

Los pastores y los granjeros se encontraron los unos a los otros. Cada uno tenía algo que el otro podía utilizar. Los pastores obtenían grano, pan, cuencos de barro y muchas más cosas de los granjeros. Y los granjeros, a cambio, obtenían carne, cuero, frutas salvajes y nueces. Pero un día el jefe de los pastores, que era también un gran cazador, descubrió que era posible coger de los granjeros lo que querían sin tener que darles nada a cambio. Los granjeros, que ya no estaban acostumbrados a cazar, no eran buenos luchadores. Los pastores no habían olvidado todavía su antiguo mundo dedicado a la caza y los granjeros eran para ellos algo parecido a un nuevo tipo de venado. Y así se acostumbraron a atacar a los granjeros y a saquearlos regularmente.

Pero no debemos inferir por su conducta que de repente se habían convertido en malos Nin. Simplemente estaban manteniendo su antigua forma de vida aplicándola a una nueva presa: los granjeros, su ganado y sus reservas de grano. Entre ellos seguían siendo tan amables como antes y ayudándose mutuamente. Compartían lo que cazaban, solucionaban sus problemas conjuntamente y eran buenos con sus hijos. Eran cazadores, no guerreros, pero aún así trajeron la wojna al mundo.

¿Por qué fueron capaces de continuar atacando y saqueando los poblados de los granjeros? Porque los granjeros simplemente podían seguir produciendo más comida de la que necesitaban para ellos mismos. Pero siempre había alguna forma de que los granjeros consiguieran producir una nueva cosecha si los cazadores no saqueaban completamente las provisiones, si no se llevaban todas las ovejas y los cerdos con ellos o si no prendían fuego a los campos. Y de esta manera volvía a haber algo que los cazadores podían robar. Con el paso del tiempo los cazadores acordaron con los granjeros el pago de un tributo: si éstos les daban voluntariamente grano y carne, aquéllos no les atacarían nunca más sino que les protegerían. Como consecuencia los cazadores se convirtieron en los gobernantes y guerreros, y los granjeros en trabajadores. Y de repente algo muy extraño sucedió: aunque los gobernantes y los guerreros no daban un palo al agua y se llevaban gran parte de lo que los granjeros producían, resultó que acabó habiendo una mayor sobreproducción que cuando los granjeros decidían libremente su propia producción. Los granjeros ahora guardaban menos de lo que producían aunque producían más que antes. Antes, cuando podían decidir libremente cómo usar su tiempo no habían podido conseguir lo máximo que un Nin podía conseguir y no habían satisfecho las necesidades más básicas que un Nin tenía. ¿Qué Nin libre, estando en su sano juicio, hubiera hecho eso? Pero eso era exactamente lo que los gobernantes les obligaban a hacer: trabajar tanto como pudieran y contentarse con satisfacer sus necesidades mínimas. Y como esta comunidad de guerreros y granjeros producían un mayor excedente que otras comunidades, se construyeron más canales de irrigación, se forjaron más herramientas y se inventaron más cosas que en otros lugares. Se podían construir más armas y mejores fortificaciones, e incluso más templos y alimentar a más sacerdotes que en otros lugares. En una frase: esa comunidad era con diferencia superior a las otras; podía crecer más deprisa, conquistar a otras comunidades y forzarlas a adoptar su mismo estilo de vida.

Las antiguas tribus cazadoras nunca habían querido incrementar el tamaño de sus territorios de caza porque no habrían sabido cómo utilizarlo. Los granjeros tampoco habían deseado aumentar el tamaño de sus tierras porque no habrían sido capaces de trabajarlas. Pero los nuevos gobernantes querían subyugar cada día a más pueblos porque cuantos más pueblos dominasen más tributos recogían, y cuantos más tributos, más dinero podían utilizar para hacer mejoras que aumentaban su poder cada vez más. Esto se iba haciendo necesario porque cada día había más comunidades de guerreros y granjeros en otros lugares de los que había de cuidarse y defenderse. De esta manera la guerra se convirtió en una institución cotidiana, incluso un hábito.

Hagamos un pequeño resumen de esta triste historia. Cuando los Nin vivían en libertad utilizaban su tiempo libre en actividades que les hacían la vida más placentera: componían música y bailaban, contaban historias, fabricaban joyas, cosían ropa cada vez más bella o se pintaban del cuerpo. Pero cuando los guerreros dominaron a los Nin, les obligaron a producir tanta comida como les era posible para que ellos, por otro lado, pudiera poseer metales, producir armas, construir murallas de defensa y castillos, y todo tipo de cosas que en realidad no hacían más que traer sufrimiento y dolor a los Nin.

Pero paradójicamente, en las tierras de los guerreros acabó habiendo cada día ropas más bellas, joyas más preciosas, estatuas más grandes y mejor música. ¿Cómo fue posible? Porque todas estas cosas eran solamente para los gobernantes. Hacían que los mejores artistas vinieran a sus palacios y les daban comida, casas y preciosos ropajes para que pudieran pasarse todo el día practicando y mejorando su talento. Pero las actividades artísticas no estaban al alcance de los Nin de a pie.

Cuando los Nin eran libres tenían músicos y orfebres en cada pueblo pero no tenían mucho tiempo para mejorar sus habilidades. Los guerreros eran más ricos  que los Nin libres, pero sólo porque la mayoría de los Nin que pertenecían a esta gente vivían en estado de pobreza e ignorancia, y sólo el gobernante y los guerreros tenían acceso a la riqueza. Por eso los guerreros eran más poderosos que los Nin que vivían libres y pudieron conquistarlos.

Entonces el planeta Yer se convirtió en un planeta lleno de guerra, pillaje y represión. La forma de vida que prometía más diversión no triunfó. En su lugar se impuso la forma de vida que producía el mayor excedente e incrementaba el progreso al mayor ritmo. Se explicará ahora a lo que esta forma de vida condujo utilizando ejemplos del área llamada Imperio Romano:

Los príncipes guerreros se dieron cuenta rápidamente que podían llegar a ser todavía más ricos si convertían en esclavos a sus enemigos porque los esclavos no tenían derecho alguno. Éstos tenían que trabajar como animales e incluso se les podía tratar peor que a los animales. Es verdad que un esclavo sólo trabajaba cuando se le forzaba y que, al tratarle peor que a un animal, no vivía mucho. Pero esto no importaba porque siempre se podían librar nuevas guerras y conseguir nuevos esclavos. Esto produjo que en Roma, nadie que no fuera un esclavo quería trabajar porque el trabajo era sólo cosa de esclavos. El Imperio Romano libró constantemente guerras para capturar más esclavos que hicieran todo el trabajo y alimentaran a los pobladores del Imperio. Los romanos libres eran o soldados o parados que no hacían nada, excepto unos pocos que eran oficiales del emperador o propietarios de tierra y de esclavos. El Imperio Romano seguía librando guerras para poder expandirse cada vez más. Llegó un momento que dominó casi el mundo entero pero también un momento en el que colapsó. Había llegado a ser tan grande que no había suficientes soldados romanos que defendieran tan lejanas fronteras y al mismo tiempo fueran capaces de vigilar a los esclavos de todo el país. Hubo un momento en el que la guerra no aumentó el poder del imperio sino que lo debilitó tanto que el imperio se hundió.

Otros imperios ocuparon su lugar. Aparecieron otras formas de estructurar la sociedad. Pero hubo una característica que continuó siendo igual: las formas de organización social que procuraban la forma más agradable de vida a la gente no triunfaron, sino que lo hicieron las formas de organización social que producían más excedente. Esos imperios o estados que conseguían el mayor excedente podían siempre subyugar a otros e imponerles la estructuración social que ellos querían.

Esto nunca cambio y por eso la wojna continúa existiendo tan cotidianamente en la vida de los Nin. Todavía hoy, los Nin utilizan gran parte de su excedente en producir nuevas y mejores armas. Todavía hoy tienen armas con las que pueden borrar toda la vida del planeta y por eso se han convertido en el gran peligro de todo el planeta Yer.

Sólo cuando los Nin lleguen a entender que la wojna y la represión tan sólo crean riqueza aparente, sólo entonces podrán  encontrar una nueva forma de vida en sociedad. Pero para llegar a ese estado también tienen que entender que la verdadera riqueza no consiste en tener tantas posesiones como sea posible para seguir produciendo cuanto más sea posible, y así sucesivamente. Para los habitantes de este planeta, la verdadera riqueza también tiene que significar un mundo en el que la mayor parte de los Nin dispongan de cuanto más tiempo posible para hacer música, bailar, charlar con los otros, jugar, escribir poesía, pintar, contar historias, hacer deporte. En una palabra, hacer la vida más bella. De otra forma la wojna puede destruir el planeta entero como una vez destruyó el Imperio Romano.

Pero de cualquier forma, no cabe duda, al menos en opinión del equipo investigador, que no se puede admitir a los Nin a formar parte de los Sistemas Solares Unidos, a menos que no lleguen a entender las normas más básicas de la vida comunitaria en grandes grupos.

   
 

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