Martin Auer: La guerra extraña, Historias para educar en la paz

   
 

Cuando los soldados llegaron

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Traducido por Elena Martín

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El Niño Azul
El Planeta de las Zanahorias
Miedo
Otra Vez Miedo
La Extraña Gente del Planeta Hortus
Cuando los soldados llegaron
Dos Luchadores
Cuerpo a cuerpo
La Gran Guerra de Marte
El Esclavo
Los Granjeros a los que se les Daban Bien los Números
La Extraña Guerra
Arobanai
Serpiente Estelar
Atasco
Los Dos Prisioneros
Justicia
Dinero
Historia de un Rey Bueno
Informe para el Consejo de los Sistemas Solares Unidos
Hablando Claro
La Bomba
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Cuando los soldados llegaron estábamos escondiéndonos en una cueva en el desierto. Teníamos un odre lleno de agua, unas barras de pan y algunos higos. Eso era todo. Dejamos dos cabras atrás, yo estaba triste porque abuelo dijo que no volveríamos a verlas: los soldados las matarían y luego se las comerían. Madre lloraba en silencio, pero dejaba que el bebé se alimentara de su pecho para que no llorara y revelara nuestro escondite. Yo sabía que no debía llorar porque ya era una niña grande y abuelo decía que que yo entendía todo como un adulto; pero podía hablar muy bajito con él, sólo de vez en cuando creía que escuchaba ruídos fuera y yo debía estar callada para que pudiera escuchar mejor.

—¿Por qué los soldados matan a nuestras cabras? —le dije a abuelo. —¿No les gusta beber leche?

—Claro que les gusta beber leche, pero les gusta más comer carne. Aunque la mayoría no quieren que los soldados del rey Babak se coman a las cabras.

—¿El rey Babak no es nuestro rey?

—Eso es lo que dicen.

—Entonces..., ¿no deberíamos tener las cabras con nosotros para salvarlas de los soldados del rey Babak?

—Las cabras nos habrían delatado y no importa si los soldados del rey Babak o los del rey Ubuk se las comen.

—Pero, si el rey Babak gana la guerra, ¿no nos matarán sus soldados?

—No. Cuando la guerra termine, tendremos que rendir tributo al rey Ubuk en vez de al rey Babak. Esa es la única diferencia.

—Pero, ¿no es el rey Babak nuestro rey legítimo y el padre de nuestro país?, ¿no es el padre de todos nosotros?
—Sí. Eso es lo que dicen los sacerdotes. Pero antes de él, Erek fue nuestro rey y el padre del país. Nosotros debíamos rezar por su salud en el templo. En ese entonces, Babak era rey del otro lado del río. Luego, Babak y Erek entraron en conflicto porque Erek había herido el honor de Babak. Los hombres de Babak derrotaron a los de Erek; éste fue muerto y Baback tomó su país.

—¿No hirió también el rey Ubuk el honor del rey Babak?

—Sí, eso es lo que dicen.

—Entonces, ¿no tenía derecho el rey Babak a luchar por su honor?

—Eso es lo que hacen los reyes.

—Abuelo ¿tú no luchas por tu honor?

—Los campesinos no luchamos por nuestro honor. Cuando el sacerdote me llama cerdo perezoso por no traer suficiente maíz al granero no puedo defender mi honor. Los sacerdotes me azotarían hasta la muerte. Pero con los reyes es distinto. Todos los reyes deben aprender a defender su honor.

—¿Por qué los reyes y no los campesinos?

—Cuando un rey hiere el honor de otro rey, este puede reunir a su ejército y luchar con el otro rey. A veces pierde la vida en la batalla. Y otras el otro rey muere y el superviviente añadirá el reino del perdedor a su propio reino. El perdedor no sabe que luchar por tu honor puede matarte porque está muerto. Y el ganador aprende lo que cuesta defender su propio honor. Cuando mi abuelo era joven había treinta pequeños reinos en este valle. Ahora hay cinco más grandes.

—¿Porque los reyes luchan entre ellos? ¿Porque su honor ha sido herido?"

—Siempre era algo así  —dijo  abuelo.

—Pero ¿y si un rey no quiere defender su honor? ¿Y si un rey no quiere luchar ni que maten a su pueblo y lo hieran y sufran?

—Entonces los otros reyes pensarán que es débil y tomarán su país de cualquier forma.

—Y ¿siempre ha sido así? ¿Siempre ha habido guerras para hacer reinos cada vez más grandes?

—No lo sé, —dijo abuelo. —Mi abuelo decía que hubo un tiempo en el que no había reyes, solo campesinos. Decía que vivían todos juntos en pueblos. Y que no sabían nada de la guerra. Me imagino que lo que decía mi abuelo es cierto. ¿Por qué habrían de luchar con el pueblo vecino? ¿Por qué habrían de querer tomar su tierra? Un campesino puede cultivar mucho terreno. No tiene necesidad de tener más tierra que la que él y su familia puedan cultivar. Bueno, a lo mejor tenían muchos hijos y al cabo de algún tiempo habría más familias que necesitaban tierra. ¿Comenzarían a luchar para tomar la tierra de otra persona? Lo dudo. Creo que preferirían dividir la tierra que tenían que correr el riesgo de empezar una lucha y probablemente ser asesinados. Y aunque empezaran una lucha, pararían cuando tuvieran suficiente tierra. Siempre habría límite para su ansia. Pero nunca hay límite para el ansia de un rey.

—¿Es un rey un ser diferente a un campesino?  —pregunté. —A lo mejor es un tipo de animal diferente, al igual que que una cabra no es igual que una oveja.

—No creo. —dijo abuelo. —Creo que si tomas al hijo de un campesino y lo educas como a un rey, hará todo lo que los reyes hacen.

—Entonces, ¿por qué los reyes son diferentes?

—Porque la manera de ganarse la vida es diferente. Mi abuelo decía que aparte de los campesinos también había cazadores en la antiguedad. Vivían en los bosques y cazaban animales. Tampoco luchaban entre ellos por la tierra. Cada grupo tenía sus propios cotos de caza y no podían utilizar cotos de caza más grandes. Pero un día el clima se volvió más seco y los bosques se hicieron más pequeños y había menos animales en ellos. Y los cazadores descubrieron una nueva presa. Descubriron a los campesinos con sus graneros llenos de grano para el siguiente año y sus cabras, ovejas y cerdos. Robaban a los campesinos y cuando los campesinos trataban de defenderse los mataban. A los cazadores se les daba mejor utilizar las armas, decía mi abuelo, porque habían estado utilizándolas todos los días. Y pronto descubrieron que era mejor para ellos no matar a los campesinos en vez de arrebatarles todo.  Porque si  los campesinos sobrevivían y les quedaba algo de grano y forraje, plantarían maíz otra vez y criarían animales de nuevo y al año siguiente se los podrían volver a robar. Y algunos jefes astutos hicieron un trato con los campesinos y les dijeron: Si me pagáis un tributo cada año, os defenderé de otros ladrones. Así los cazadores se convirtieron en guerreros y sus jefes se convirtieron en reyes.

Ahora para un rey poseer una tierra es algo diferente. Porque un rey no trabaja en la tierra. Tiene a los campesinos que trabajan y le dan maíz, mantequilla, lana y otras cosas. El rey no come ni utiliza todo esto para sí mismo. Lo utiliza para dar de comer y vestir a sus soldados y sus sacerdotes y a los herreros que hacen las espadas y los que fabrican arcos y flechas para los soldados  y los constructores que construyen palacios y templos. Y todo esto lo utiliza para conquistar más tierra para conseguir más tributos para alimentar a más soldados y conquistar más tierra y así sucesivamente. 

—Entonces ¿si no hubiera reyes no habría guerras?

—Si no hubiera personas que vivieran del trabajo de otras, al menos la lucha no sería tan interminable como lo es ahora.Quizá no habría palacios y los templos serían más pequeños y no habría tantos artistas que hicieran hermosas joyas y grandes estatuas porque nadie podría permitirse tal cosa. Las alfombras no serían tan coloridas pero todo el mundo tendría alfombras simples y no dormirían en el suelo desnudo. Quizá habría alguna lucha de vez en cuando pero terminaría. 

 —Entonces, ¿la lucha no terminará ?  —pregunté al abuelo.

—Quizá después de miles de años, cuando el mundo sea un solo reino.

—Pero ¿y no podemos volver a la situación de antes de que hubiera reyes?

—No creo, —dijo abuelo, —¿Cómo podría ser eso? Los soldados tienen espadas y arcos y flechas y nosotros ¿qué tenemos?

—Pero, ¿y si todos los campesinos del mundo se pusieran de acuerdo para no alimentar a los reyes y sus soldados nunca más"

—Eso no es posible, —dijo abuelo . ¿Quién enviaría los mensajeros a todos ellos?

Cuando los soldados se hubieron marchado, el pueblo estaba vacío. Había matado a todos los animales o se los habían llevado, se habían llevado todo el grano de los graneros y lo habían quemado. Incluso nuestras azadas y nuestras hoces habían despaparecido. Abuelo nos enseñó a pescar en el río y a cocinar algunas plantas silvestres y de alguna manera sobrevivimos a la temporada seca. Y entonces creció en los campos algo de maíz que había caído en el suelo en la cosecha y no cocimos ni un simple pan sino que lo guardamos todo para sembrarlo de nuevo. Poco a poco devolvimos de nuevo los campos a la vida. Madre murió y después abuelo murió también y mi hermano pequeño se casó con una chica del pueblo de al lado y tuvieron un hijo.

Y un día los soldados llegaron.

 


 

   
 

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